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Un largo camino por el bosque encantado

Un largo camino por el bosque encantado

Un largo camino por el bosque encantado 900 900 Bombón

A pesar de ser primavera, es cierto que la humedad y las bajas temperaturas en el bosque no agradaban a Margarita. Dalia, en cambio, pensaba que ya no hacía tanto frío, que las plantas ya daban sus frutos y paseaba bajo la luz del sol a diario, intentando pensar en todo lo que el hada les había contado. ¡Qué difícil parecía aquella misión!

-Creo que esta noche debería ponerme frente a la biblioteca y pensar en cuál es nuestra misión. Quizás de esa manera sepamos cómo actuar o qué pasos seguir.

Al atardecer, mientras Margarita arreglaba su armario y su cómoda, Dalia se situó delante de la inmensa biblioteca que habían heredado junto con la casa.

-Bien, creo que ha llegado el momento de que nos deis un indicio. No sabemos por dónde empezar para lograr traer a todas esas hermanas que están por venir. Veamos- Dalia cerró los ojos, inspiró aire profundamente y se concentró en su petición.

Nada ocurría.

-¡Qué extraño! Ningún libro ha caído en mis manos.- Cerró de nuevo los ojos y antes de inhalar con fuerza el aire que respiraba, escuchó un ligero sonido, como si algo se desplazara. Siguió con los ojos cerrados y se volvió a concentrar. -¡Venga, otra vez! ¡Anda, una vez más!- se refugió de nuevo en sus pensamientos y el ruido se convirtió en algo mucho más prolongado. Aún así nada cayó en las manos de Dalia.

Abrió los ojos y contempló cómo un libro, que se hallaba entre dos otros, apenas lograba deslizarse, intentaba zafarse de los tomos acolchados que impedían que se desplazara correctamente.

-¡Ajá, luchas por salir de ahí! ¡Eres tú entonces! ¡Ven aquí conmigo!

Subiéndose al taburete de lectura, estiró el brazo y, no sin cierta dificultad, rescató el libro de la estantería en la que se hallaba prisionero.

-“Tratado natural sobre el arte de cultivar. La germinación y la plantación”- leyó en un murmullo la pequeña.- se acomodó pensativa en el sillón del salón y reflexionó antes de abrir el tratado que sostenía entre sus manos.

A ver si ahora vamos a tener que construir un invernadero para plantar semillas. Pero no puede ser, las semillas tienen que ser mágicas, no lo entiendo… quizás sea hora de ir a conocer a la bruja del bosque para ver si puede ayudarnos con el asunto de la magia.-dijo reflexionando en voz alta.

Tercer capítulo.

En el que Margarita protesta, porque no quiere mancharse caminando por el bosque

Llegados a este punto del relato, todos sabemos ya que Margarita es muy coqueta, que le gusta vestir bien, con muchos lazos y con vestidos vaporosos; así que no puede sorprendernos el hecho de que protestara, se enfadara y pataleara cuando su hermana le hizo partícipe de su decisión.

-¡Que no voy a ir a visitar a la bruja! Que hasta el verano los caminos están llenos de barro y me mancharé con seguridad. Pero es que además podemos caernos o vernos atrapadas en un pantano embarrado… o lo que es peor- exclamó sollozando trágicamente – ¡podríamos quedar presas de arenas movedizas!¿Te lo puedes imaginar? No, no y no. Y cien mil veces no.

A pesar de irse a su habitación, cerrar la puerta tras de sí y meterse en la cama en clara manifestación de desacuerdo y discordia, a las diez de la mañana de aquel sábado soleado, la niña se vio arrastrada hasta los confines del bosque, aquel lugar repleto de lagos que tanto temía. Por supuesto, Dalia había encontrado la manera de convencerla… le había anunciado que ya no participaría en sus desfiles, ni le ayudaría a crear lazos, ni diademas, ni iría con ella a recoger bambú para hacer bonitos accesorios para decorar la casa.

La perspectiva de verse completamente sola y aburrida en el bosque le pareció poco atractiva a Margarita, así que decidió que haría de tripas corazón e iría a visitar a esa bruja del bosque a la que ni siquiera conocían.