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El cuento de Dalia y Margarita. Los orígenes

El cuento de Dalia y Margarita. Los orígenes

El cuento de Dalia y Margarita. Los orígenes 1080 1080 Bombón

Dalia es una niña muy curiosa, a la que, además, le encanta recopilar información sobre los orígenes de su familia. Desde que su familia Bombón se amplió, ella se ha convertido en el cuenta cuentos perfecto para sus hermanas, primas y amigos. La historia de la familia Bombón es original y no hay en el mundo unas muñecas que tengan la suerte de poseer una tan interesante.

Dalia, nuestra cuenta cuentos, ha recopilado el cuento mágico Bombón en capítulos, le ha dado forma y ha decidido contarlo en tercera persona, para así explicar cuáles son sus orígenes y los de los demás miembros de la familia Bombón. Inmediatamente decide que tiene que contárselo a todos, incluso al público que les sigue y que tanto les quiere. Su manuscrito dice así:

Las niñas Bombón son fruto de las flores. Pequeñas, delicadas y originales, todas son originarias de la flor que les otorga su nombre.

No se sabe cómo, ni por qué, llegó a germinar en la tierra del bosque una semilla que generaría el crecimiento de una preciosa planta, más grande de lo normal, que albergaría dos semillas distintas. Aquella planta creció y creció, se asomó por encima de los árboles y, una buena noche, bajo el influjo de la luna llena, se abrió y sembró en el suelo dos semillas mágicas: la semilla de la flor Margarita y la de las Dalias.

Pero, como hemos dicho, estas semillas eran mágicas, puesto que crecían durante la noche y no necesitaban los rayos de sol, sino la presencia de la luna y el titileo de las estrellas sobre el cielo.

Aquellas plantas se nutrían con el rocío de la noche y un buen día, con la llegada de la primavera, una hermosa margarita y una dalia muy roja aparecieron en cuestión de minutos junto a un gran roble que crecía en pleno bosque. Una semana más tarde, los petalos se abrieron con cuidado, la planta bajó lentamente hasta el suelo y depositó a dos niñas sobre la hierba fresca.

Una de ellas tenía una melena larga y rubia y abrió casi instantáneamente sus ojos azules inmensos, mientras que su hermana, se levantaba delicadamente para mirar a su alrededor y comprender quién era y dónde se hallaba. Levantó la cabeza y divisó la flor de la que había salido. Sin saber cómo ni por qué, supo que se trataba de una Dalia, así que su nombre debía ser ese mismo: Dalia.

(continuará)